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La necesidad de repensar la alimentación en las ciudades

Por: Luz Stella Álvarez Castaño. PhD.

Profesora Universidad de Antioquia. 

   

 
                                     

 

A la mayoría de quienes vivimos en las ciudades nos parece “natural” comprar los alimentos en los grandes supermercados. Es lo más cómodo y aunque no resulta más barato la disponibilidad de productos en un mismo lugar facilita la tarea. Los supermercados son un fenómeno típicamente urbano que se impuso en el mundo occidental desde mediados del siglo pasado y hoy comercializa entre el 50 y el  80% de los alimentos que se compran en los hogares. El formato que conocemos de grandes superficies se expandió desde Francia con Carrefour aunque hoy la marca más grande es su competidor americano WalMart. En América Latina, además de estas multinacionales hacen presencia multilatinas como Jumbo. 

Hasta ahora la faceta más controversial del modelo de comercio representado en los supermercados es la precariedad laboral a la que induce, ya que a sus empleados usualmente se les coarta el derecho a la sindicalización y son sometidos a condiciones extenuantes con bajos salarios, y con la presión de los horarios extendidos y las demandas del consumidor. Los supermercados también han sido cuestionados por arrasar con las formas tradicionales de comercio de alimentos como los pequeños abastos de barrio. 

Lo curioso es que pocas veces se analizan las formas de comercialización, el tipo de relaciones y las transformaciones en las prácticas de consumo de alimentos que este modelo ha instaurado. En el caso del comercio de las frutas y verduras los grandes volúmenes requeridos, han acentuado la producción en monocultivos y el uso intensivo de agrotóxicos. Además es el productor quien debe asumir en la mayoría de los casos los riesgos inherentes al manejo de productos altamente perecederos. El pequeño productor colombiano que en muchas ocasiones son mujeres campesinas no tiene cómo participar en esta modalidad de comercio. Por su parte la estandarización de la estética de los alimentos en tamaño, forma y apariencia han llevado a que los consumidores urbanos con capacidad de compra demanden  unos patrones de textura, color y brillo  que aumenta los costos, disminuye la biodiversidad y amenaza la riqueza de la dieta humana. 

Los consumidores urbanos pobres tampoco tienen cómo participar de este tipo de comercio. Los precios y la ubicación de los grandes formatos no se lo permiten. Las transformaciones en los últimos años con la llegada de nuevas marcas también multinacionales en instalaciones más pequeñas y menos exigentes en infraestructura y logística, no han resuelto los problemas mencionados. 

Desafortunadamente desde la década de los 80 los gobiernos de América Latina abandonaron la intervención en el abasto de alimentos. No solo se desmontaron las instituciones y la infraestructura sino que el tema prácticamente desapareció de la agenda pública. La confianza excesiva en el mercado hizo que la única propuesta desde los gobiernos fuera el subsidio en dinero para promover el acceso a los alimentos para las personas más pobres. Se trata de una política que no interroga el modelo y sus efectos en la sostenibilidad ambiental, ni tampoco reflexiona sobre el comercio justo para productores y consumidores. Además no promueve un consumo responsable y coherente con la crisis ambiental planetaria.   

Afortunadamente aunque de manera incipiente este tema está volviendo a ocupar un lugar en la academia y en algunos gobiernos locales y hace parte de las reivindicaciones de movimientos sociales globales; en Colombia quedó esbozado en el punto uno de los acuerdos de Paz en el marco de la “Reforma rural integral”. Desde la Universidad de Antioquia, en alianza con la Universidad Nacional de Colombia y la Universidad Pontificia Bolivariana estamos iniciando un proceso para aportar a repensar la alimentación de las ciudades en el marco de unas relaciones campo-ciudad diferentes. Esperamos sobre todo sensibilizar, aportar ideas y convocar a responder con nuevos referentes a este reto. 

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