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Influencia de los patrones alimentarios en el cambio climático

Por: Yinis Osten*

 

   

 
 

 

Yinis Osten

El aumento de la temperatura terrestre ha causado incendios forestales, sequías e inundaciones que terminan afectando a la población, pues hay pérdida de cultivos, poca disponibilidad de alimentos, lo que causa desplazamiento de personas y aumento de la pobreza extrema. No es una novedad decir que el hombre no sólo es víctima de ésta situación, sino que se ha convertido en el contaminador más grande del planeta. En este ensayo solo se hablará de algunas actividades que dan respuesta a la demanda de alimentos de la población y su efecto sobre el calentamiento global. 

Los gases de efecto invernadero cumplen la función de retener una parte de los rayos del sol y calentar así la tierra, pero se requiere que no haya alteraciones en la emisión de las cantidades de estos gases a la atmósfera, para que la tierra conserve su clima, de lo contrario se enfriaría o se aumentaría demasiado su temperatura.

Uno de los gases más abundantes por la actividad humana es el dióxido de carbono, el cual es producto de la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas natural, que son necesarios para el funcionamiento de las máquinas que siembran, recolectan, transportan y procesan los alimentos que se cultivan. 

La agricultura primitiva no causaba daño al ambiente ya que el trabajo que se hacía era producto de la fuerza del hombre, pero al descubrirse el petróleo se facilitó cultivar inmensas extensiones de tierra, lo que también contribuye a la deforestación de grandes bosques, a la pérdida de la biodiversidad e incita al monocultivo; esto último se ve reflejado en que las tres cuartas partes de las especies sembradas por el hombre han desaparecido en menos de un siglo, pues las especies nativas de un lugar son reemplazadas por unas más resistentes, productivas y fáciles de transportar. Estas variedades mejoradas, requieren fertilizantes y pesticidas también derivados del petróleo, que hagan los cultivos más eficientes, estos agroquímicos se filtran y contaminan el suelo, el agua y el aire. 

Para extender los cultivos y para deshacerse de la vegetación se ocasionan incendios forestales, que además de afectar los ecosistemas, aumentan el carbono en la atmósfera. Sin embargo, los cultivos de alimentos no son empleados necesariamente en la alimentación de las personas, la soya por ejemplo se utiliza en un 95% para la producción de biocombustible y para la alimentación del ganado. Por su parte, la cría intensiva de ganado aumenta la producción de gas metano, que es un gas de efecto invernadero, menos abundante pero veinte veces más potente que el carbono. De otro lado, la producción de carne, requiere una alta inversión de agua, pues para producir un kilo de carne, es necesario usar 13.000 litros de agua. 

Por su parte la demanda de pescado se ha incrementado de 18 a 100 millones de toneladas por año, desde la década de 1950 hasta ahora, suplir tal demanda, ha ocasionado que casi todos los peces de gran tamaño desaparezcan y que tres cuartas partes de las zonas de pesca en el mundo estén agotadas. 

El hombre ha olvidado la relación simbiótica que debe mantener con la naturaleza, pues ningún ecosistema puede sostenerse en pie al ritmo de explotación en el que se encuentra el planeta.

No todos los seres humanos se afectan de igual forma por el deterioro del medio ambiente, solo los más pobres que son la inmensa mayoría de la población mundial, sienten los estragos del cambio climático, de la sequía, de la escasez de agua y de alimentos. Las personas más influyentes económicamente son los dueños de petroleras, de fábricas, de empresas mineras, de grandes extensiones de tierras con monocultivos y ganadería, y son también los menos afectados por el cambio climático, pues tiene los recursos económicos para adaptarse a estos. 

Una reflexión acerca de los alimentos que se consumen, podría ayudar a controlar el desgaste del planeta; consumir alimentos sembrados localmente, con semillas nativas, de manera más artesanal y limitar el consumo de alimentos provenientes de monocultivos, importados o cultivados con agroquímicos, son medidas que todos podríamos poner en practica a la hora de alimentarnos. Existen alternativas para frenar el deterioro del planeta.

Si no se hace algo ahora las consecuencias para las generaciones futuras serán cada vez peores.  Entonces ¿Qué haremos los de esta generación en pro de los que vienen?

*Estudiante de octavo semestre del pregrado de Nutrición y Dietética de la Universidad de Antioquia. Seccional Urabá